Un paseo gastronómico en La bicicleta de Hoznayo

Los conocimos por casualidad cuando comenzamos a seguir su cuenta de instagram, nos engancho lo que contaban, la cercanía de como lo contaban, la capacidad de lucha y superación para conseguir un sueño y lo llamativas que eran las presentaciones de sus platos, ni por casualidad imaginábamos que fuera un estrella michelín.

En nuestra lista de escapadas teníamos apuntado “una escapada de fin de semana por Cantabria”, ya estaba la excusa perfecta para hacer una parada en la N-634 y dar una vuelta en bicicleta ;).

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Al investigar un poco y visitar su pagina web, nos gusto mucho la cercanía con la que estaba hecha y como contaban su historia. Esa es la base de Viajar al Paladar, descubrir que hay detrás de cada restaurante que visitamos y de cada uno de los platos que probamos.

Que vayan al mercado y cambien la carta en función de lo que han encontrado es un puntazo, y te das cuenta cuando al leer el menú que ofrecen te encuentras con productos de temporada, y no solo km0, palabra tan de moda en esta época, pero sobre todo que los platos estaban definidos por sus ingredientes, sin utilizar definiciones ilegibles e imposibles de entender. En ese momento empezaría nuestra aventura…

Lo primero que hicimos fue la reserva y desde ese momento nos quedamos con la sensación de recibir una atención personalizada, Cristina majísima, con lo que estábamos seguros de que la experiencia prometía, después hicimos la maleta…

A veces los pequeños detalles son los que marcan la diferencia, esos detallen que en su conjunto hacen que vivas una experiencia gastronómica única en todos los sentidos, no es solo el lugar, el servicio o los platos. Son los gestos, la profesionalidad, el momento vivido y la sensación que se te queda en el cuerpo al salir por la puerta, esos son los que forman parte del éxito de una bonita velada. ¿Y vosotros habeis tenido esa sensación alguna vez?

El lugar, una antigua casona de paredes de piedra rehabilitada con un amplio patio y rodeada de arboles en un pequeño pueblo cantabro (Hoznayo). Al bajar del coche nos recordó a nuestra infancia y que todavía hay pueblos que huelen a vaca!!

Quizá que la calle al lado de la carretera estuviera en obras y que no vimos ningún cartel, no ayudo a que encontráramos La Bicicleta fácilmente. Pero Google todo lo sabe, siempre es de gran ayuda nos guió sin problema, con puntualidad británica llegamos, aunque nos hubiera gustado disfrutar un poco del patio (decorado con un food truck), en el cual puedes tomar un refrigerio mientras llega la hora de entrar, un acogedor patio acondicionado que invita a tomarte algo fuera incluso si el día esta gris.

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Nosotros comimos en el comedor de abajo, del que nos llamo la atención la iluminación, cuidada dándole un toque intimo y acogedor. Ademas tienen varias opciones como comedores individuales para grupos o disfrutar de la velada en la terraza, si el tiempo acompaña.

El equipo es joven, atento, apasionado por su trabajo, se esmera por agradar, hacerte sentir cómodo y que no falte de nada, en alguna ocasión igual demasiado atento preguntando varias veces por si queríamos tomar alguna bebida a parte de agua. En cualquier caso muy profesional, supieron reaccionar rápidamente cuando les comunicamos una de nuestras alergias y prepararon una alternativa muy original y sorprendente.

En cada uno de los platos que proponen están presentes los productos de temporada, de ahí que la carta cambie periódicamente y en los que el sabor es el gran protagonista.

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A parte de pedir a la carta, ofrecen un menú degustación completo de quince platos con tres variantes, corto, semilargo o largo, ¿en que se diferencian? en el numero que platos, los dos últimos son opcionales. Nosotros optamos por el menú largo y mereció la pena.

Nos gustó mucho que los entrantes se sirvieran en la barra de la cocina abierta, mientras degustábamos estas exquisiteces con una cerveza artesana, podías ver el ritmo ordenado de la cocina. En la barra nos atendió Tamara, una auténtica crack que nunca pierde la sonrisa, nos explicaba con detalle la elaboración de cada uno de los entrantes . Tomarte un pincho de tortilla de un bocado con toda su esencia donde la patata es la protagonista es lo que más nos llamó la atención.

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De los platos platos principales nos quedamos sin duda alguna con la ostra en caldo lebaniego. La textura de la ostra cocinada, el torrezno, la mezcla de sabores y el caldo, una perfecta combinación de mar y montaña que enamoró nuestro paladar.

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Como navarros de adopción que somos, nos sorprendieron las pochas, tiernas, frescas, finas… otra apuesta por el producto de temporada aunque no sea autóctono.

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Para el disfrutón de Viajar el Paladar, el arroz cremoso de careta es uno de los mejores que ha probado en su vida, a la disfrutona le hizo “llorar” y pasar un mal rato, aunque le gusta, es sensible al picante y le suben los calores jeje. Desde una perspectiva u otra será uno de esos platos que siempre recordaremos y contaremos como anécdota cuando lo recomendemos.

El bonito todo un acierto, ya os hemos contado que trabajan con productos de temporada, y ahora estamos en temporada de bonito, no sabemos si fue pescado de forma tradicional pero si era fresco y con sabor a mar.

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De los postres nos quedamos con la fresas, un postre muy digestivo y fresquito y los petit fours, pequeñas miniaturas artesanales que puedes elegir de un carrito muy cuqui.

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Nosotros tomamos agua porque no somos muy de vinos en las comidas, pero seguro que el maridaje o la elección de uno de los vinos de cuidada y amplia carta no defraudará.

Después de este original paseo en “bicicleta” os lo podemos recomendar como una buena opción para coger fuerzas después de un día de playa, de un paseo por los valles pasiegos o simplemente un alto en el camino si quieres descubrir rincones de Cantabria Infinita.

Y como extra te dejamos una ruta en bicicleta por la vía verde del Besaya para bajar esas calorías de más que has subido en la bicicleta de Hoznayo, puedes verla en nuestra sección al natural

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